viernes, 27 de marzo de 2015

Criando con los ojos cerrados

Imaginate esta escena:
Señora en la cocina 10 mins. antes de la comida y esperando al marido a comer con sartén en mano, teléfono al hombro y timbre de la puerta sonando, un niñito de 3 años que presume de ser su hijo se acerca jala su blusa y dice  "mamá, mamá puedes sacar la pista grandota, mamá puedes sacar la pista grandota" Señora respira, corta la llamada telefónica, mueve la comida del sartén " permíteme tantito mijito" se dirige a abrir la puerta, atiende al jardinero, recuerda el sartén, regresa corriendo mientras el niñito vuelve a jalar de la blusa ahora más fuerte y en voz alta: " MAMA, MAMÁ, puedo sacar la pista grandot.." La señora respira y: Nooo!!! ahorita no se puede ya casi está lista la comida, ve a lavar manos
Pero es que quiero la pista ahoritaaaa!!
Señora recuerda el sartén una vez más corre a apagarlo, vuelve a respirar y suena nuevamente el teléfono....
Te ha pasado?



El proceso de ser mamá es un proceso tan complejo! Se dice mucho, y es cierto no existe escuela alguna, ni método, ni receta ni los niños vienen a este mundo con manual. Estamos destinados al fracaso y a hacer la vida insoportable a los niños si no estamos dispuestos a re-aprender, a indagar en nuestra propia historia, si no se tiene la mente y el corazón abierto para escuchar y mirar hacia adentro.

Porque lejos, muy lejos,  de lo que como mamás primerizas nos imaginamos es criar un hijo: cosas como saber tomarlo, bañarlo, cambiar un pañal, saber por qué llora, cuánto duermen, cuánto tiempo lactan etc, etc. Se encuentra el verdadero desafío que no requiere esfuerzos físicos, a todas  (aunque todo esto es el primer paso y es muy importante) nos llega y es inevitable el encontronazo con nuestro propio ser, el choque contra la pared del propio carácter a la hora de estar criando, y de pronto cae sobre nuestros hombros el peso, que creemos es el peso del mundo, formar, educar y dar rumbo a esa personita que confiada se abandona a nuestros brazos, nuestro tiempo, nuestro carácter, nuestra paciencia (si es que la hay) y aún sin saberlo, a nuestra historia.

Y podemos ir por la vida batallando, esforzándonos por proveer, dinero, juguetes, diversión, ropa, comida, salud y abrigo a nuestros vástagos, podemos hacer   todo eso, pero con los ojos cerrados y es que por más subir y bajar, trabajo, desvelos, "sacrificios", no es suficiente (que como bien dice Laura Gutman el maternaje es una labor completamente  altruista).
Al referir los ojos cerrados estoy hablando de la desconexión emocional que podemos estar viviendo con nuestros propios sentimientos,  miles de cosas que podamos hacer si no hacemos un alto, y ese momento de hacer el alto es como una luz intermitente que está presente casi siempre pero podemos fácilmente hacer oídos sordos y cerrar los ojos, esos momentos donde sentimos que nos desbordamos, esos detalles que tienen nuestros hijos que no sabemos por qué pero que nos detonan como bombas, y ahí vamos una y otra vez desgastando en vano la energía y la relación. Esos avisos, esos sentimientos incómodos que dejamos pasar son llamados a poner un alto y re-direccionar el camino porque a qué mamá no le ha ocurrido.
 Convencida estoy que para ser lo que se llama una  "buena madre" vamos pues, para brindar sanidad en mi relación con mis hijos primero tengo que entender mi propia historia, reconocerla, desmenuzarla, estar dispuesta y abrir la mente, escuchar mi propio discurso interno ( lo que me digo a solas a mí misma) tener la sensibilidad de trabajar en mi para entonces poder entregar algo distinto a esas vidas que confiadas andan en mis manos. Y esto es un acto de responsabilidad que como mamás (papás) necesitamos hacer. Mas allá de la  educación que brindemos a los hijos, de si es laxa, estricta, clásica, post moderna, homeschooling o lo que sea, lo que queda en ellos es lo que está entre lineas, la lectura que darán no es Qué sino Cómo. Muchas cosas no recuerdo de mi infancia, tal vez detalles, fechas o eventos específicos no estén tan claros en mi mente, pero sí recuerdo la forma en que fueron dichas las palabras, la carga emocional, las actitudes. Ese es el libreto que leen y leerán nuestros hijos nuestros nietos .

Esto es sólo una reflexión de lo vivido, de lo que creo implica ser mamá, de la fuerte influencia que nuestra historia tiene sobre la historia que estamos escribiendo de nuestros hijos. Qué importante sería que como mamás paráramos no sólo a respirar sino a meditar, indagar, leer, y buscar herramientas para trabajar en nuestra vida emocional, la nuestra no la de nuestros hijos, esto considero es lo Más importante, más aún que tratar de casar con alguna corriente educativa, filosófica, religiosa, currículo o método. Simplemente no puede darse lo que no se tiene! No podemos hacer feliz a nadie, ni enseñar a ser feliz a nadie si no lo somos nosotros primero.

Qué bueno es abrir los ojos para poder entonces sí intentar abrir los de otros..

 Con cariño..Betty Martínez